El siglo de las mujeres

Prólogo

El siglo XXI será el siglo de las mujeres. La igualdad conseguida no es del todo satisfactoria. Dos obstáculos a destacar: 1) en la vida privada se mantiene la discriminación y se mantiene una división del trabajo muy tradicional; 2)el acceso de la mujer a puestos de mayor responsabilidad avanza con excesiva lentitud.

10. Cuatro objetivos para el nuevo feminismo: 1) Educación: igualdad de oportunidades, eliminar vestigios sexistas, televisión y publicidad no ayudan en absoluto. 2) Trabajo, se ha entendido como liberación de la mujer. La crisis del mercado laboral puede ser obstáculo insalvable para la ocupación de la mujer. Así lo consideraba la autora refiriéndose a la crisis de los 90, supongo que con muchísimos más motivos en la crisis actual, seis millones de parados, contratos precarios, despido express, recortes en todas las ayudas sociales, las mujeres haciéndose cargo de lo que ni los sueldos mermados o inexistentes ni los servicios sociales son capaces de cubrir. 3) La política como metáfora de la toma de decisiones y en cuyo ámbito la presencia de mujeres tiene que dejar de ser una rareza. 4) En el discurso moral, muy solicitado porque parece que la única ideología presentable que nos queda. Tanto la vida pública como la privada necesitan contravalores que detengan la presencia absoluta de los valores económicos y consumistas. El servicio a los demás (hijos, enfermos, ancianos, discapacitados) no puede exigirse exclusivamente a las mujeres. Todo necesita ser reordenado y redistribuido.

11. En este fin de siglo el feminismo ha de experimentar un vuelco decisivo que preludie su propia extinción. 12. El “nosotras las mujeres” debería desaparecer I. Dos propuestas para el siglo XXI

La igualdad alcanzada en el XX es indiscutible pero insuficiente: han cambiado las leyes pero no las costumbres. La existencia de una injusta desigualdad puede observarse en cuatro aspectos:

1) La mujer liberada sigue cargando con la inferioridad de su género en la vida doméstica; la doble jornada, las labores “propias de su sexo”, el cuidado de los hijos, los ancianos, los enfermoses liberada sólo de puertas afuera. Dentro de casa no consigue librarse de la desilusión y el agobio. Algunas deciden hacer suya la cultura masculina. Pero la mayoría lo que hace es cargar con su doble condición de mujer y profesional con una mezcla de esperanza (hay aún un horizonte por conquistar) y mal humor (el día a día es muy duro).

2) Parece que la auténtica igualdad de oportunidades no existe. En teoría cualquier mujer puede ser jefa de gobierno, presidenta de una empresa, rectora de universidad, pero en la práctica las mujeres encuentran todo tipo de obstáculos para llegar a la posición deseada. Dos razones que explicarían esta situación: a)el hombre se defiende como puede para no perder protagonismo b)la resistencia de las mujeres a sacrificar determinados valores, a renunciar a la maternidad, al cuidado de la familia como pago para disfrutar de una vida profesional plena.

3)La violencia sexual no desciende. La mujer sigue siendo vista como objeto sexual más que como sujeto. Decisiones que incumben a las mujeres, como la legislación del aborto, las toma una mayoría de hombres.

16. Debemos perseguir no la masculinización de la mujer sino la feminización de los hombres y esto significa hacer pública la cultura femenina que ha permanecido oculta y encerrada en la vida privada, porque el mundo exterior era de los hombres. Apostemos por una sociedad que acepte otras formas de mirar, otras formas de actuar. 18. ‹‹Del mismo modo que la mujer se ha hecho más hombre y se ha apropiado de ventajas que fueron exclusivas de los varones, a éstos debería tocarles ahora hacer el movimiento inverso y aprender de las vidas de las mujeres aquello que tiene de socialmente positivo. La renuncia, la compasión, la ternura, incluso un cierto sentimiento de culpabilidad no vendrá mal a una sociedad cuyos dirigentes tienden irremediablemente a la prepotencia y arrogancia de quienes piensan que el error no va con ellos ni parecen sentirse obligados a escuchar nunca a nadie››. Hace Victoria Camps mención de la ética del cuidado de Carol Gilligan: así como los hombres han desarrollado una ética de la justicia, las mujeres siempre han estado más cerca de una ética del cuidado y de la responsabilidad. La justicia, “la fría y celosa justicia” de Hume, no es suficiente: hay que mantener y cultivar la virtud de la benevolencia, la preocupación por los otros. 19 El problema es que el tiempo privado y “reproductivo” carece del reconocimiento social que tiene el tiempo “productivo” y público.

20. La psicología dice que ha sido una constante del comportamiento femenino experimentar satisfacción y felicidad en la dedicación al otro. Ser así si es doctrina psicológica. Pero es así porque las han educado para que así sea…¿No sería bueno que todos pudieran sentir una cierta complacencia en la dedicación a los otros? 41. El trabajo de las mujeres. El grupo de derechos humanos siempre en peligro no es el de los derechos civiles y políticos sino el de los derechos económicos y sociales: educación, sanidad, pensión, trabajo, vivienda. Cuando no hay dinero (y ahora nos dicen que es inexistente) empieza a cuestionarse la legitimidad de tales derechos y se sacrifican, nos dicen, para mantener el resto. Vemos como estos días los servicios que el estado dice no poder prestar han de regresar forzosamente a la familia (los jubilados se han convertido en la salvación de las familias, se pide a las mujeres se hagan cargo de enfermos y ancianos, dejan de pagarse cuidadores y asistentes sociales, se cierran residencias)

64. Individualismo, tolerancia, ¿justicia? . La mujer no acaba de tener esa “habitación propia” que sus hijos ya tienen. La mujer trabaja, la joven está tan formada como el joven, pero ella lo tiene más difícil que él: más difícil si quiere tener hijos (porque es ella la que “debe” querer o no querer tenerlos), más difícil si quiere trabajar (porque “puede” no querer trabajar). Nadie cuestiona ni duda, en cambio, que el barón “quiera” trabajar. Tiene que hacerlo.

66. No conozco a ninguna (mujer) que no haya sentido y sufrido la discriminación doméstica.

102. Hanna Pitkin: ‹‹Las mujeres deberían ser tan libres como los hombres para actuar públicamente; los hombres deberían ser tan libres como las mujeres para criar…Una vida confinada enteramente a menesteres personales y domésticos parece…absurda, pobre, y lo mismo ocurre con la vida pública o abstracta que ha perdido el contacto con las actividades prácticas y cotidianas que lo sustentan››.